viernes, 22 de noviembre de 2013


¿La tecnología hace más inteligentes a los niños de hoy o no?

 Entre los docentes de más edad, en general, existe una resistencia a incorporar todo este mundo a la “academia”, considerando todo ello un distractor del verdadero rigor con que se debe aprender. Otro grupo, que podríamos llamar de transición, considera que estos recursos sí ayudan al aprendizaje, pero que son los propios estudiantes los que saben cómo aprovecharlos en su beneficio, y que basta con que tengan un aparato para que ocurra el aprendizaje. Por último, hay otro grupo, aun muy minoritario, que tiene conciencia del rol activo que nos toca a nosotros como educadores, y que se hace cargo de prepararse en competencias TIC.

 El docente debe empaparse de una “nueva cultura del aprendizaje”. Con más frecuencia de la que uno quisiera, escuchamos quejas sobre los distraídos que están nuestros estudiantes, que no dejan de chatear o estar conectados a Facebook o Youtube, y que no prestan atención en clases. ¿No será que lo que le ofrecen esos espacios virtuales les resulta más atractivo que lo que nosotros hacemos en clases, con metodologías heredadas del positivismo del siglo XIX y basadas en el conductismo de mediados del siglo XX?

El desafío está entonces en aprender a ser mediadores entre la tecnología que les es familiar y atractiva a nuestros estudiantes y el conocimiento.

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