¿La
tecnología hace más
inteligentes a los niños de hoy o no?
Entre los docentes de más edad, en general, existe una
resistencia a incorporar todo este mundo a la “academia”, considerando todo
ello un distractor del verdadero rigor con que se debe aprender. Otro grupo,
que podríamos llamar de transición, considera que estos recursos sí ayudan al
aprendizaje, pero que son los propios estudiantes los que saben cómo
aprovecharlos en su beneficio, y que basta con que tengan un aparato para que
ocurra el aprendizaje. Por último, hay otro grupo, aun muy minoritario, que
tiene conciencia del rol activo que nos toca a nosotros como educadores, y que
se hace cargo de prepararse en competencias TIC.
El docente debe empaparse de una “nueva cultura del aprendizaje”.
Con más frecuencia de la que uno quisiera, escuchamos quejas sobre los
distraídos que están nuestros estudiantes, que no dejan de chatear o estar
conectados a Facebook o Youtube, y que no prestan atención en clases. ¿No será
que lo que le ofrecen esos espacios virtuales les resulta más atractivo que lo
que nosotros hacemos en clases, con metodologías heredadas del positivismo del
siglo XIX y basadas en el conductismo de mediados del siglo XX?
El desafío está entonces en aprender a ser mediadores entre
la tecnología que les es familiar y atractiva a nuestros estudiantes y el
conocimiento.
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